Otra de las emociones que se viven en infantil es la alegría, una emoción que los niños experimentan muy a menudo a través de sonrisas y que debería estar siempre presente en las aulas.
Los niños suelen mostrar la felicidad en los juegos, ya que les divierten y entran en contacto con sus compañeros. Como he dicho anteriormente, es muy importante fomentar esta emoción en los niños para que se sientan cómodos y aprendan divirtiéndose.
Estaréis de acuerdo con nosotras en que ver a un niño feliz y con una sonrisa es una de las emociones más bonitas que puede haber, ya que nos transmiten esa felicidad a los demás.
A continuación, os vamos a dejar un cuento que podríamos leer a nuestros alumnos para poder trabajar este tipo de emoción con ellos.
Una vez leído el cuento, podemos hacerles preguntas sobre qué les ha parecido, qué han aprendido del cuento y cuál es la emoción que predomina, para que sean capaces de identificarla.
Había una vez un muñeco de papel que no tenía
cara. Estaba perfectamente recortado y pintado por todo el cuerpo, excepto por
la cara, pero tenía un lápiz en su mano, así que podía elegir qué tipo de cara
iba a tener, ¡Menuda suerte!. Por ese motivo, pasaba el día preguntando a quien se
encontraba:
- ¿Cómo es una cara perfecta?
- Una que tenga un gran pico - respondieron
los pájaros.
- No. No, que no tenga pico -dijeron los
árboles-. La cara perfecta está llena de hojas.
- Olvida el pico y las hojas -interrumpieron
las flores- Si quieres una cara perfecta, tú llénala de colores.
Y así, todos los que encontró, fueran
animales, ríos o montañas, le animaron a llenar su cara con sus propias formas
y colores. Pero cuando el muñeco se dibujó pico, hojas, colores, pelo, arena y
mil cosas más, resultó que a ninguno le gustó aquella cara ¡Y ya no podía
borrarla!
Y pensando en la oportunidad que había
perdido de tener una cara perfecta, el muñeco pasaba los días llorando.
- Yo solo quería una cara que le gustara a
todo el mundo- decía-. Y mira qué desastre.
Un día, una nubecilla escuchó sus quejas y se
acercó a hablar con él:
- ¡Hola, muñeco! Creo que puedo ayudarte.
Como soy una nube y no tengo forma, puedo poner la cara que quieras ¿Qué te
parece si voy cambiando de cara hasta encontrar una que te guste? Seguro que
podemos arreglarte un poco.
Al muñeco le encantó la idea, y la nube hizo
para él todo tipo de caras, pero ninguna era lo suficientemente perfecta.
- No importa- dijo el muñeco al despedirse-
has sido una amiga estupenda.
Y le dio un abrazo tan grande que la nube
sonrió de extremo a extremo, feliz por haber ayudado. Entonces, en ese mismo
momento, el muñeco dijo:
- ¡Esa! ¡Esa es la cara que quiero! ¡Es una
cara perfecta!
- ¿Cuál dices? - preguntó la nube extrañada -
Pero si ahora no he hecho nada...
- Que sí, que sí. Es esa que pones cuando te
doy una abrazo... ¡O te hago cosquillas! ¡Mira!
La nube se dio por fin cuenta de que se
refería a su gran sonrisa. Y juntos tomaron el lápiz para dibujar al muñeco de
papel una sonrisa enorme que pasara diez veces por encima de picos, pelos,
colores y hojas.
Y, efectivamente, aquella cara era la única que gustaba a todo el mundo,
porque tenía el ingrediente secreto de las caras perfectas: una gran sonrisa
que no se borraba jamás.
¡Esperamos que os haya gustado!